dissabte, 26 de febrer de 2022

LAMENTO

Ese lado oscuro del mundo que tanto admiro
me hace gozar la intimidad de un vacío amable;
o ese leve palpitar de una sombra que emerge
tan solo un minuto,
cuando más necesario me parece
afrontar la vida como un misterio.

No puedo aceptar tanta certeza,
que entre miles de palabras no quede ninguna por descubrir.
Y no lo acepto, porque el significado exacto
de este breve encuentro en la noche
no podrá nunca asemejarse
a aquellos otros ya sabidos.

Y me siento feliz de vez en cuando,
probando aquí y allá fútiles esperanzas.
Y no niego la evidencia de esta pena que me ahoga,
pero a menudo aprovecho un momento
para expandirme a lo largo y ancho
de una noble verdad casi minúscula.

Si me iluminan imprevistas estrellas
o me someto a la anárquica intermitencia de los instantes,
me libero de ataduras y renazco,
hijo de mil padres que un día intentaron
hacer de mí un buen soldado.
Mas no quise luchar y ahora lo siento.

diumenge, 20 de febrer de 2022

LA NOVENA DE BEETHOVEN PER FURTWÄNGLER

Ací teniu el més gran director beethovià de tots els temps, dirigint la 9ª Simfonia del compositor de Bonn. És clar que estic referint-me a W. Furtwängler. Adoneu-vos de la genialitat d'aquest intèrpret inimitable, que portava la música de Beethoven al dramatisme més extrem. Hi ha qui no li perdona que fora tan subjectiu i transformara un compositor clàssic en un romàntic apassionat, però si voleu gaudir d'una experiència única haureu de prescindir de tals prejuís: us assegure que paga la pena.
Tot seguit us penge un vídeo en què Furtwängler, al final d'un concert a Berlín durant la Segona Guerra Mondial, gèlidament, li dona la mà a Goebbels i, després, de manera subtil, es passa el mocador de la mà esquerra a la dreta, amb la qual acaba de saludar el nazi, per a torcar-se-la.
Per cert, hi ha una pel·lícula alemanya, "L'esfondrament", de l'any 2004, dirigida per Oliver Hirschbiegel, on es conten els últims dies no sols de Hitler sinó també de Goebbels, que es va suïcidar junt amb la seua esposa, després d'assassinar els seus sis fills.

diumenge, 13 de febrer de 2022

ELS QUINZE MILLORS DISCS DE LA HISTÒRIA DEL ROCK

Totes les llistes són subjectives i la meua també.

Són els 15 discs que més m'agraden del rock:


DUES VERSIONS QUE SUPEREN L'ORIGINAL

Hi ha grans intèrprets que són capaços d'agafar la cançó d'un altre i fer-la seua, mijantçant una interpretació absolutament personal, que la transforma fins al punt de semblar una cançó distinta. Així, quan Bob Dylan va escoltar la versió que havia fet Jimi Hendrix del seu tema "All Along The Watchtower", li va agradar tant que a partir d'eixe moment, quan la interpretava, seguia les pautes del gran guitarrista. Són molts els exemples que podríem posar d'intèrpretes que han superat, amb la seua versió, l'original. Tot seguit us propose dues experiències màgiques:

"All Along the Watchtower", cançó original de Bob Dylan interpretada per Jimi Hendrix:
 "Margherita", cançó original de Riccardo Cocciante interpretada per Mina:

dissabte, 5 de febrer de 2022

ANTONIO MACHADO

Antonio Machado és el primer poeta que vaig admirar d’una forma incondicional, quan vaig començar a llegir-lo en plena adolescència. Els seus poemes a Guiomar me’ls sabia de memòria, així com alguns dels que va dedicar a Leonor, la seua esposa, que va morir molt jove i va ser soterrada al cementeri de Sòria, conegut com "el Espino".
Era un poeta profund, però que sabia expressar-se amb un vers clar. El que més impressiona de la seua poesia és l’extraordinària intensitat que assoleixen els seus versos, sense eixir mai d’una sobrietat i senzillesa molt pròpies del seu caràcter.
Tot seguit, us deixe una mostra d’aquest gran poeta:
OTRAS CANCIONES A GUIOMAR
A la manera de Abel Martín y de Juan de Mairena
                I

¡Sólo tu figura,
como una centella blanca,
en mi noche oscura!
            *
¡Y en la tersa arena,
cerca de la mar,
tu carne rosa y morena,
súbitamente, Guiomar!
            *
En el gris del muro,
cárcel y aposento,
y en un paisaje futuro
con sólo tu voz y el viento;
            *
en el nácar frío
de tu zarcillo en mi boca,
Guiomar, y en el calofrío
de una amanecida loca;
            *
asomada al malecón
que bate la mar de un sueño,
y bajo el arco del ceño
de mi vigilia a traición,
¡siempre tú!
Guiomar, Guiomar,
mírame en ti castigado:
reo de haberte creado,
ya no te puedo olvidar.
                II
Todo amor es fantasía;
él inventa el año, el día,
la hora y su melodía;
inventa el amante y, más,
la amada. No prueba nada,
contra el amor, que la amada
no haya existido jamás.
                III
Escribiré en tu abanico:
te quiero para olvidarte,
para quererte te olvido.
                IV
Te abanicarás
con un madrigal que diga:
“En amor el olvido pone la sal”.
                 V
Te pintaré solitaria
en la urna imaginaria
de un daguerrotipo viejo
o en el fondo de un espejo,
viva y quieta,
olvidando a tu poeta
                 VI
Y te enviaré mi canción:
“Se canta lo que se pierde”,
con un papagayo verde
que la diga en tu balcón.
                 VII
Que apenas si de amor el ascua humea
sabe el poeta que la voz engola
y, barato cantor, se pavonea
con su pesar o enluta su viola;
y que si amor da su destello, sola
la pura estrofa suena,
fuente de monte, anónima y serena.
Bajo el azul olvido, nada canta,
ni tu nombre ni el mío, el agua santa.
Sombra no tiene de su turbia escoria
limpio metal; el verso del poeta
lleva el ansia de amor que lo engendrara
como lleva el diamante sin memoria
-frío diamante- el fuego del planeta
trocado en luz, en una joya clara...
                 VIII
Abre el rosal de la carroña horrible
su olvido en flor, y extraña mariposa,
jalde y carmín, de vuelo imprevisible,
salir se ve del fondo de una fosa.
Con el terror de víbora encelada,
junto al lagarto frío
con el absorto sapo en la azulada
libélula que vuela sobre el río,
con los montes de plomo y de ceniza,
sobre los rubios agros
que el sol de mayo hechiza.
se ha abierto un abanico de milagros
-el ángel del poema lo ha querido-
en la mano creadora del olvido...

A JOSÉ MARÍA PALACIO

Palacio, buen amigo,
¿está la primavera,
vistiendo ya las ramas de los chopos,
del río y los caminos? En la estepa,
del alto Duero, Primavera tarda,
¡pero es tan bella y dulce cuando llega!

¿Tienen los viejos olmos,
algunas hojas nuevas?

Aún las acacias estarán desnudas,
y nevados los montes de las sierras.
¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa,
allá en el cielo de Aragón, tan bella!

¿Hay zarzas florecidas
entre las grises peñas,
y blancas margaritas
entre la fina hierba?

Por esos campanarios
ya habrán ido llegando las cigüeñas.

Habrá trigales verdes,
y mulas pardas en las sementeras,
y labriegos que siembran los tardíos
con las lluvias de abril. Ya las abejas
libarán del tomillo y el romero.

¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?

Furtivos cazadores, los reclamos
de la perdiz bajo las capas luengas,
no faltarán. Palacio, buen amigo,
¿tienen ya ruiseñores las riberas?

Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra...

A DON FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS

Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió?... Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!

Y hacia otra luz más pura
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
... ¡Oh, sí!, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas...

Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.

MUERTE DE ABEL MARTÍN

Pensando que no veía
porque Dios no le miraba,
dijo Abel cuando moría:
Se acabó lo que se daba.

J. de Mairena: Epigramas.

                    I
Los últimos vencejos revolean
en torno al campanario;
los niños gritan, saltan, se pelean.
En su rincón, Martín el solitario.
¡La tarde, casi noche, polvorienta,
la algazara infantil, y el vocerío,
a la par, de sus doce en sus cincuenta!

¡Oh alma plena y espíritu vacío,
ante la turbia hoguera
con llama restallante de raíces,
fogata de frontera
que ilumina las hondas cicatrices!

Quien se vive se pierde, Abel decía.
¡Oh distancia, distancia!, que la estrella
que nadie toca, guía.
¿Quién navegó sin ella?
Distancia para el ojo -¡oh lueñe nave!-,
ausencia al corazón empedernido,
y bálsamo suave
con la miel del amor sagrado olvido.
¡Oh gran saber del cero, del maduro
fruto sabor que sólo el hombre gusta,
agua de sueño, manantial oscuro,
sombra divina de la mano augusta!
Antes me llegue, si me llega, el Día,
la luz que ve increada,
ahógame esta mala gritería,
señor, con las esencias de tu Nada.

                    II
El ángel que sabía
su secreto salió a Martín al paso.
Martín le dio el dinero que tenía
¿Piedad? Tal vez. ¿Miedo al chantaje? Acaso.
Aquella noche fría
supo Martín de soledad; pensaba
que Dios no lo veía,
y en su mundo desierto caminaba.

                    III
Y vio a la musa esquiva,
de pie junto a su lecho la enlutada,
la dama de sus calles fugitiva,
la imposible al amor y siempre amada.
Díjole Abel: Señora,
por ansia de tu cara descubierta,
he pensado vivir hasta la aurora
hasta sentir mi sangre casi yerta.
Hoy sé que no eres tú quien yo creía;
mas te quiero mirar y agradecerte
lo mucho que me hiciste compañía
con tu frío desdén.
Quiso la muerte
sonreír a Martín, y no sabía.

                    IV
Viví, dormí, soñé y hasta he creado
-pensó Martín, ya turbia la pupila-
un hombre que vigila
el sueño, algo mejor que lo soñado.
Mas si un igual destino
aguarda al soñador y al vigilante,
a quien trazó caminos,
y a quien siguió caminos, jadeante,
al fin, sólo es creación tu pura nada,
tu sombra de gigante,
el divino cegar de tu mirada.

                    V
Y sucedió a la angustia la fatiga,
que siente su esperar desesperado,
la sed que el agua clara no mitiga,
la amargura del tiempo envenenado.
¡Esta lira de muerte!
Abel palpaba
su cuerpo enflaquecido.
¿El que todo lo ve no le miraba?
¡Y esta pereza, sangre del olvido!
¡Oh, sálvame, Señor!
Su vida entera,
su historia irremediable aparecía
escrita en blanda cera.
¿Y ha de borrarte el sol del nuevo día?
Abel tendió su mano
hacia la luz bermeja
de una caliente aurora de verano,
ya en el balcón de su morada vieja.
Ciego, pidió la luz que no veía.
Luego llevó, sereno,
el limpio vaso, hasta su boca fría,
de pura sombra —¡oh pura sombra!— lleno.