dissabte, 10 de maig de 2014

ELS MILLORS I ELS PITJORS (JAVIER MARÍAS)

El proppassat dia 20 d’abril de 2014, vaig llegir a la revista El País Semanal, un article de Javier Marías que em va semblar plenament encertat. En efecte, sota el títol Los mejores y los peores, i el subtítol Los peores se hacen fuertes cuando los mejores carecen de convencimiento, l'esmentat escriptor començava dient el següent:
Leí hace poco dos viejos versos de Yeats que me parecieron verdaderos, en la medida relativa en que cualquier afirmación lo puede ser: “Los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores están llenos de apasionada intensidad”. Si me parecieron tan “verdaderos” es porque, hasta cierto punto, y con excepciones, definen la historia de la humanidad, y desde luego la de nuestro país.
La part més substancial d’aquest article es concentra al llarg paràgraf final:
¿Por qué los mejores carecen a menudo de convicción, si los asiste la razón, tienen un desarrollado sentido de la justicia y son tolerantes con lo tolerable, procuran entender al contrario y atienden a los argumentos de sus adversarios? Precisamente por todo eso, he ahí la contradicción. Los mejores siempre dudan algo, siempre se paran a pensar, no se sienten en posesión de la verdad, no son simplistas ni radicales, no tienen una sola meta entre ceja y ceja, les repugna el oxímoron “guerra santa”, por no mencionar “sagrada misión” y otras sandeces por el estilo. Desde mi punto de vista uno nunca debería prestar atención a los llenos de apasionada vehemencia. Es más, ésta es para mí motivo de desconfianza y sospecha, y, abundando en los versos de Yeats, suele enmascarar a los peores, a los más dañinos y autoritarios, a los que hacen abstracción de las personas y se muestran siempre dispuestos a sacrificarlas en nombre de la Causa, o del Progreso, o del Proyecto, o de la Nación, tanto da. Son los que olvidan que todos tenemos solamente una vida, y que ninguna puede arruinarse por un abstracto Bien Futuro. A estas alturas deberíamos saber todos que el futuro es una entelequia, que no se puede configurar ni tan siquiera imaginar. Sólo importan los que están aquí, y también algo los que estuvieron, sólo sea porque sus huellas sí se pueden reconocer. A menudo las de los mejores están escondidas, como dice esta otra cita de la novelista del XIX George Eliot: “Que el bien aumente en el mundo depende en parte de actos no históricos; y que ni a vosotros ni a mí nos haya ido tan mal en el mundo como podría habernos ido, se debe, en buena medida, a todas las personas que vivieron con lealtad una vida anónima y descansan en tumbas que nadie visita”. Es cierto, muchos de los mejores pasan calladamente o hablando en susurros, jamás gritan ni vociferan, porque no están llenos de apasionada intensidad. Pero ay de nosotros si no existieran, si no hubieran existido siempre; si sus tumbas que nadie visita no alfombraran la tierra discreta, la única que de verdad nos sostiene.
Si em perdoneu l’autocita, en una entrada meua que tracta sobre la veritat i l’interès, des d’un altre punt de vista, arribe a la mateixa conclusió:  
La veritat no és tant un “estat possessori” com un “estat d’ànim”, és a dir, s’identifica millor amb el desig mai no consumat de conéixer-la, que ens porta a una insatisfacció creativa, que no amb la situació fàctica de gaudir-la com a pròpia. Aquesta circumstància, obliga a tots els seus perseguidors a professar un rigor no sols intel·lectual sinó també vital, perquè la veritat és una “vocació”, o –si us sembla massa emfàtica aquesta expressió– digueu-li “aspiració”, que ens empeny a actuar d’acord amb unes normes de conducta no subjectes a canvis, en funció d’interessos més o menys inconfessables. Al capdavall, com deia Machado: “La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”.

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