dissabte, 30 d’agost del 2025

DOS POETES VALENCIANS DE LA GENERACIÓ DELS 50: MARIA BENEYTO I FRANCISCO BRINES

Dedique aquesta entrada a dos importants poetes valencians de la generació dels 50: Maria Beneyto i Francisco Brines.

Deia Maria Beneyto que "el llenguatge poètic i l’expressió poètica requereixen també una sensibilitat intel·lectual i emotiva que no tot el món posseeix". I és que l'experiència poètica és complexa. Per a Brines, aquesta complexitat estava íntimament unida al procés creador:

"Mi poesía es un resultado de mi persona, y mi vida es todo lo que me sucede. Estos sucesos, en densa continuidad, originan mis experiencias vitales, conscientes unas veces, inconscientes otras. La poesía parte de esta realidad existente para hallar, como ya hemos dicho, una nueva realidad, la cual no le es conocida, pero que existe en potencia, y que por eso podrá llegar a ser. El resultado final es una nueva y singular experiencia, que podemos denominar experiencia poética". I així arriba a la conclusió que "llega, con el desarrollo del poema, la manifestación de una realidad desconocida".

Tot seguit, vos he seleccionat sengles poemes dels nostres poetes que m'agraden molt:


De Maria Beneyto, 

HEREUS

El meu batec de vida, no aqueix dring de paraules

retallades, podades, fetes música fàcil.

Sols el batec, la vida solament per a dir-vos

que estic viva, dissolta en vèrgens alegries.

Ai companys meus d’origen, els que viviu en terra,

quina abraçada meua o llaç de llum o força

-d’aqueixa nua i tendra i terrible com l’aigua-

acoste en el silenci que em tanca i em limita!

Pot ésser que en jorns àcids no sospiteu encara

aquest lluminós cercle de garlandes i braços.

Sóc voluntat feréstega de romandre dins l’aire,

i en l’espai d’algun dia ja sabreu que sóc vostra.

Ocorrerà de sobte, netament, sens miracle,

com van ocórrer sempre les més senzilles coses.

Direu: què és aqueix núvol blanquinós i festívol

que se’n va per deixar-nos alt i pur el nou dia?

Què és aquest mar blau vívid, amb veus de sol petites

dient-nos a l’uníson frases mai no escoltades?

O millor, qui és qui abaixa aquest bell ram d’estrelles

als afores més trists de la ciutat, cridant-nos?

I jo estaré entre Déu i l’alegria

Dient-vos: “Ací estic. Jo sóc aquella”.


De Francisco Brines,

MERE ROAD

Todos los días pasan,
y yo los reconozco. Cuando la tarde se hace oscura,
con su calzado y ropa deportivos,
yo ya conozco a cada uno de ellos, mientras suben en grupos o aislados,
en el ligero esfuerzo de la bicicleta.
y yo los reconozco, detrás de los cristales de mi cuarto.
Y nunca han vuelto su mirada a mí,
y soy como algún hombre que viviera perdido en una casa de una extraña ciudad,
una ciudad lejana que nunca han conocido,
o alguien que, de existir, ya hubiera muerto
o todavía ha de nacer;
quiero decir, alguien que en realidad no existe.
Y ellos llenan mis ojos con su fugacidad,
y un día y otro día cavan en mi memoria este recuerdo
de ver cómo ellos llegan con esfuerzos, voces, risas, o pensamientos silenciosos,
o amor acaso.
Y los miro cruzar delante de la casa que ahora enfrente construyen
y hacia allí miran ellos,
comprobando cómo los muros crecen,
y adivinan la forma, y alzan sus comentarios cada vez,
y se les llena la mirada, por un solo momento, de la fugacidad de la madera y de la piedra.

Cuando la vida, un día, derribe en el olvido sus jóvenes edades,
podrá alguno volver a recordar, con emoción, este suceso mínimo
de pasar por la calle montado en bicicleta, con esfuerzo ligero y fresca voz.
Y de nuevo la casa se estará construyendo, y esperará el jardín a que se acaban estos muros
para poder ser flor, aroma, primavera,
(y es posible que sienta ese misterio del peso de mis ojos,
de un ser que no existió,
que le mira, con el cansancio ardiente de quien vive,
pasar hacia los muros del colegio),
y al recordar el cuerpo que ahora sube
solo bajo la tarde,
feliz porque la brisa le mueve los cabellos,
ha cerrado los ojos
para verse pasar, con el cansancio ardiente de quien sabe
que aquella juventud
fue vida suya.
Y ahora lo mira, ajeno, cómo sube
feliz, encendiendo la brisa,
y ha sentido tan fría soledad
que ha llevado la mano hasta su pecho,
hacia el hueco profundo de una sombra.

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